Más educación vial, por favor

Cuando se habla de educación vial se piensa normalmente en agentes de la policía local visitando colegios para enseñar a los más pequeños a cruzar bien y reconocer el significado de las señales de tráfico.

Es evidente que un niño educado en la seguridad vial será un buen peatón. Y con el tiempo, es más probable que se convierta en un conductor responsable cuando sea adulto. Lo que solemos obviar es que la educación vial tiene que formar parte de toda nuestra vida.

Y es que, como señalan desde la misma Dirección General de Tráfico, “la Educación Vial no es otra cosa que una manifestación más de la educación cívica. Para conseguir el uso seguro de las vías públicas no sólo es necesario estar convencidos de la necesidad de cumplir las normas y señales que regulan su uso, sino que tienen que estar acompañadas de valores como tolerancia, respeto a los demás, responsabilidad, comprensión, prudencia, etc.”

Es cierto que es tanto desde la DGT como desde los diferentes cuerpos de Seguridad, como la Policía Municipal de Madrid, se llevan a cabo programas específicos dirigidos a diferentes colectivos y en diferentes circunstancias: adolescentes, ancianos, adultos en distintas etapas de la vida… Pero todos tenemos que poner un poco de nuestra parte.

Educación vial para todos los públicos

De hecho, uno de los grupos de más riesgo es el de los adolescentes. En esta etapa de la vida entran en acción factores que complican una movilidad segura como:

  • Los primeros contactos con el alcohol y las drogas
  • Las distracciones añadidas que supone el uso continuo de los dispositivos móviles
  • Y, por supuesto, su paulatina transformación en conductores de bicis, motos y, llegado el momento, del coche.

Otro grupo de edad al que merece la pena prestar especial atención es el de los ancianos. En su caso, se enfrentan al problema añadido de la disminución de los reflejos o la pérdida de agudeza de algunos sentidos clave como la vista y el oído, fundamentales en lo que se refiere a evitar un accidente de tráfico. Y, en muchos casos, su paso de conductores a peatones o usuarios de transporte público. Esto implica adoptar nuevas normas de comportamiento.

Entre ambos están los adultos. Se suele dar por hecho que ya tienen asumida una correcta educación vial, aunque nunca viene mal repasar los conceptos clave. Especialmente porque son los responsables de educar a las nuevas generaciones en seguridad vial. Esto implica no sólo transmitir las normas, sino predicar día a día con el ejemplo.

Educación vial: en beneficio de todos

Otro aspecto que hay que tener en cuenta es que todo lo que se invierta en mejorar el nivel de educación vial revierte de nuevo en la sociedad. No sólo a nivel económico, al reducir el gasto (en todos los aspectos) que implican los accidentes de tráfico, sino por lo que supone de mejora en la calidad de la vida diaria de todos los ciudadanos. Con un poquito más de educación vial todos, tanto peatones como conductores, podremos transitar con más tranquilidad por nuestras calles.

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